SALUD BASADA EN LAS EMOCIONES: LO QUE APRENDÍ DE LOS NIÑOS

Cada vez más personas comparten evidencia científica y de práctica clínica sobre la relación entre las emociones y la salud global. Desde hace años las terapias cuerpo-mente y otras disciplinas ocupan un espacio vacío resultante de la falta de tiempo de presencia del médico, de la excesiva tecnificación de la Medicina occidental y de su visión fragmentada del ser humano que a menudo olvida la muerte como parte de la vida.

 

“Los cuerpos duelen, las personas sufren” esta frase y observar a los niños en sus procesos de enfermedad me ha dado algunas reflexiones que son el motivo de compartir este post.

 

 La narrativa en torno a lo que nos pasa, condiciona cómo vivimos lo que sucede y a menudo interfiere en los procesos de curación prolongando la duración de los síntomas. Si transformamos la historia, el proceso biológico se transforma también. Entonces la salud sería algo que se restaura espontáneamente con los recursos biológicos (fisiológicos- bioquímicos) y físicos (electromagnéticos) que tienen el cuerpo y su campo, cuando las emociones están en su rango funcional, esto quiere decir ni desbordadas ni reprimidas. Tanta más salud cuantos más recursos. 

 

Si observas el mismo proceso en un niño menor de 7 años y en un adulto, desde algo banal como una infección respiratoria de vías altas, a algo más grave como un cáncer ¿qué diferencias aprecias? Yo he observado algunas:

 

  1. El niño respeta más su biología: si no tiene hambre, no come, si necesita descanso, se duerme, si está con ánimo, juega, se mueve…
  2. El niño no se cuenta una historia sobre lo que le pasa ni por qué le pasa, simplemente lo vive, momento a momento. Esto coloca al sistema nervioso autónomo en un estado que favorece la salud autopercibida.
  3. El niño está más conectado con su cuerpo y las sensaciones, las percibe y actúa en consecuencia según su lógica privada. 
  4. El niño no miente en sus emociones, las expresa y comunica tal cual son, no las reprime salvo que haya aprendido a hacerlo.
  5. Tal vez como consecuencia de todo lo mencionado anteriormente y de que los hábitos de vida son, en general,  más saludables en niños que en adultos, incluido menor tasa de estrés crónico, los niños se curan antes que los adultos.

 

Teniendo esto en cuenta, la salud basada en las emociones no es algo que tengamos que hacer nosotros, habitualmente desde la necesidad de control para aliviar el miedo a la enfermedad y a la muerte sino que sería algo que en todo caso , podemos permitir o no que suceda, una consecuencia de dejar de bloquear procesos, de dejar de contarnos historias de miedo y de respetar al animal que somos y sus necesidades básicas: alimentos reales, periodos de ayuno, contacto físico y social, descanso, naturaleza, juego, luz del sol, descanso, movimiento, respeto por los biorritmos…

 

Te propongo para esta semana que dediques un tiempo al día, 5-10 minutos, a llevar tu atención hacia los niños y los animales con los que te encuentres, mira qué hacen, cómo se comportan. Ellos te indicarán el camino de vuelta a la mejor salud que habita en ti.

 


 

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