LA ILUSIÓN COMO ACTIVO EN SALUD

“El alma tiene ilusiones como el pájaro alas. Eso es lo que la sostiene” Víctor Hugo

 

Desde hace meses vengo observando un rasgo común a personas con síntomas físicos de diferente índole: digestivos ( SIBO, EII…), tiroides ( Graves Basedow, Tiroiditis Hashimoto…), neurológicos( Cefalea crónica, Esclerosis Múltiple…) previo a la aparición de los síntomas. Se trata de la falta de ilusión.

 

 Observando a mi alrededor es un mal común que se ha normalizado. Seguir la vida en modo máquina- piloto automático sin pararnos a sensar (pensar+ sentir) si lo que hacemos tiene algún sentido o propósito y de tenerlo, si éste está en coherencia con los deseos de nuestra alma que diría Víctor Hugo. 

 

El catedrático de neurología de la escuela médica de Harvard, Álvaro Pascual Leone, publica en julio de 2021 un artículo en la revista Annals of Neurology muy interesante titulado Human Brain Resilience: A call to action  donde afirma ““Tener un proyecto vital, un objetivo en la vida que trascienda a uno mismo y que reporte satisfacción  al esforzarse en conseguirlo es bueno para el cerebro y para la salud en general”.

 

Existen numerosos estudios en esta línea donde se objetiva que la contribución social podría tener un impacto positivo en la salud de una persona; desde la mejoría en las cifras de presión arterial, hasta disminuir el estrés  o reducir la probabilidad de padecer depresión.

 

El hecho de haber creado un modo de vida como el occidental; centrado en la producción, con los valores sociales propios de una sociedad de consumo donde impera el tener al ser o estar y que tiende al individualismo, tiene como efecto secundario una pérdida progresiva de la ilusión.

 

Desde el punto de vista colectivo es momento de poner el foco en la construcción social hacia un mundo más amable, humanizado y con entornos y formas de relación saludables como propósito. No solo con los demás sino empezando con nosotros mismos.

 

Para esto es clave reclamar la contemplación y preservar espacios de silencio para recuperar la escucha de nuestra voz interior, la voz del alma. También retomar los espacios ciudadanos de compartir, como en el ágora griega(del griego ἀγορά,​ asamblea, de ἀγείρω, ‘reunir’). Era el lugar en el que los ciudadanos se reunían para discutir sobre las leyes y el futuro político de la ciudad. Como entonces, la salud y lo político-social se entremezclan. Visibilizar cómo lo individual está atravesado por lo colectivo y por los consensos sociales de lo que es “normal” , ayuda a que las personas nos demos cuenta de que es hora de co-responsabilizarnos de nuestros procesos de salud- enfermedad y no asumir la responsabilidad de forma individual o exclusiva o bien, no asumirla en absoluto y delegarla en los profesionales sanitarios. 

 

¿Cómo podemos llevarlo a cabo? Haciendo nuestra parte: elegir en el día a día las acciones que nos lleven a un modo de vida más humano e ilusionante y por tanto, más saludable y por otro, reclamando a los políticos que hagan su parte: crear sistemas de vida humanizados, con la salud como eje central, más allá de los intereses exclusivamente económicos del mercado y del propio estado. Tal vez sea momento de que los consumidores eduquemos al mercado y al estado y no al revés.

 

La ilusión como motor transformará el mundo y creo que las nuevas generaciones nos están pidiendo a gritos a los adultos y mayores que miremos en esa dirección y les dejemos un mundo más vivible. 

 

 Y tú que me amablemente me lees responde por escrito, ¿cuáles son las ilusiones de tu alma? ¿qué esperas para hacer de ellas tu proyecto vital? La vida no espera. Vive!

 


 

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