Ayer en consulta una mujer me habló de su enfado en dos situaciones, una de ellas se repetía a menudo en la relación con su madre. A posteriori, se encontraba mal por haberse enfadado, sentía culpa y este es un patrón que identificó se repite con demasiada frecuencia agotándola física y animicamente. Lo puedo reconocer en mí misma y es muy habitual entre los pacientes que acompaño.
Vamos a adentrarnos en dos de las emociones más incómodas que experimentamos; enfado y culpa.
El enfado
Es una emoción que activa una respuesta de estrés orientada a movilizar la energía necesaria para resolver la situación real o percibida que impide la satisfacción de nuestras necesidades o traspasa nuestros límites.
La función del enfado es resolver pero no es raro que el enfado destruya y no resuelva.
Un elemento común a las situaciones que desencadenan enfado es la frustración. Cuando la energía del deseo que se encamina hacia su realización encuentra un obstáculo, la obstrucción que éste produce genera una sobrecarga energética en ese deseo. Esta sobrecarga es lo que llamamos enfado (Levy N., La sabiduría de las emociones).
Es importante destacar que la función original de esa sobrecarga de energía es asegurar la consecución del deseo o necesidad. Lo que ocurre es que, a menudo, al no saber cómo manejar adecuadamente tal sobrecarga de energía, en lugar de contribuir a la resolución de la situación origen, a menudo aquélla se con vierte en un problema más.
El desajuste se produce cuando seguimos utilizando una respuesta biológica de ira generada en situaciones antiguas ,para resolver situaciones actuales que no requerirían movilizar tanta adrenalina, noradrenalina ni cortisol entre otros.
Cuando la sobrecarga energética del deseo o necesidad se expresa como enfado, puede presentar diferentes calidades, más o menos destructivas. Esto dependerá, en parte, de las conclusiones que nuestra mente produzca en relación a la naturaleza del obstáculo . Si evaluamos que el obstáculo está actuando «a propósito» contra nosotros, es muy probable que nuestra frustración se convierta en enfado destructivo. Por lo tanto, trataremos de generarle a ese obstáculo un malestar igual al que sentimos en sentido contrario. Si concluimos que ese obstáculo no quiere perjudicarnos sino que es algo sin mala intención, entonces nuestra frustración seguirá existiendo, pero seguramente sea menos destructiva.
Etapas del enfado funcional: Descarga para transformar la energía, comunicación de cómo nos hace sentir la situación activadora de enfado, propuesta de resolución.
No siempre sucede esto, a veces la descarga se descontrola, no comunicamos nuestro sentir sino reprochamos y atacamos y queremos herir al otro, ¿resuelve esto nuestro deseo inicial o necesidad? A menudo la respuesta es no y este enfado sería entonces disfuncional.
Por tanto la clave será empezar a enfadarnos bien, en el sentido de utilidad y por tanto tener enfados útiles
La culpa
Es una emoción con muy mala prensa debido seguramente al uso que se ha hecho de la misma desde posiciones de poder y manipulación pero la culpa, como todas las emociones, tiene en origen una función adaptativa.
La culpa es una señal que nos indica que hay norma/s interna/s que nos estamos saltando.
“ No te debes enfadar” “Enfadarse es malo”( luego si tú te enfadas eres malo/a)
Dentro de la culpa existen dos aspectos, uno culpabilizador y otro culpado. El propósito esencial del culpabilizador no es torturar al culpado, aunque a veces lo haga, sino lograr que actúe de acuerdo con las normas del deber ser que lo rigen, asegurarse del cumplimiento de su código interior.
Las formas a través de las cuales lo hace deberán ser revisadas ya que algunas resultarán funcionales y otras disfuncionales, según las respuestas que obtengamos. Las formas disfuncionales más frecuentes son la descalificación y el castigo, esto en general no suele ser útil para el fin que busca.
Una pregunta pertinente podría ser ¿De qué modo sería útil que te informe de que has transgredido el código cada vez que lo haces, para poder ayudarte?
Otra acción pertinente será supervisar las normas que tratamos de cumplir y ver si están actualizadas, son coherentes, útiles…”Enfadarse puede ser útil” “Enfadarse es natural” “Puedo aprender a enfadarme de forma funcional”
Comprender las emociones es un camino fundamental hacia el bienestar ya que no se puede cambiar lo que no se conoce. Y a menudo ni siquiera habrá que cambiar, salvo de perspectiva.